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Una noche mágica en hotel Pradomar

Actualizado: 18 nov 2021

Shonny y El Hijo del Búho lograron el milagro de acercar la Luna, la música y la alegría a un público maravilloso.Un encuentro trascendental.


El viernes en la noche en las playas del hotel Pradomar la Luna apareció en el firmamento tímida y sin resplandor a su alrededor, y, poco a poco, se fue agrandando rodeada de círculos de variados colores, en una conjunción de todas las energías del firmamento.


Sucedió así en el momento de mayor intensidad del espectáculo del juvenil grupo musical Shonny y El Hijo del Búho, que lideran Julián Andrés Sarmiento Figueroa y Shonny Rincón, con el formidable acompañamiento del multipercusionista Hugo Boss, la maravillosa trompeta del joven cubano Armandito Márquez, el show del fuego de Ana Morales, el ingeniero de sonido Carlos Ruíz, los camarógrafos Gabriel ‘Mister’ Bocanegra, Camilo ‘Tete’ Sarmiento y el Stage Manager Guardia.


Desde las seis de la tarde los fans de este sorprendente grupo juvenil barranquillero empezaron a llegar en medio de las mayores sorpresas a lo largo de un largo recorrido desde la puerta hasta el escenario. Saumerios, esencias aromáticas, lavado de pies en una minipiscina con hojas y flores relajantes, entrega de pulseritas artesanales, una bolsa blanca con diversos detalles como recordatorios y un lápiz y una cartulina blanca para que cada asistente anotara algo de lo cual quisiera arrancarse del alma para siempre. Escrito que al final del show cada fans lanzó a una grata fogata en el centro del redondel en donde los artistas se confundieron con el público en una fusión de goce y unión de energías alegres y positivas.


Y, para muchos, además de las bebidas aromáticas, el buen vino y alguno que otro licor más fuerte, lo mejor, además del espectáculo musical fuera de serie, fue el menú de la noche con frutos del mar y abundante verdura. En especial un salmón y un róbalo ahumado en los leños que ardían a la orilla del mar.


Jeka Álvarez, la gerente del hotel Pradomar, como se dice en la jerga beisbolística, esa noche la sacó del estadio con las bases llenas: por el decorado, la organización perfecta del amplio auditorio con pequeños cubículos con carpas blancas en donde se intercalaban todos los servicios de guías, refrescos, licores, recordatorios, artesanías, aceites, líquidos y jabones aromáticos, y una atractiva diversidad de artesanías con materiales del inmenso Mar Caribe.


Alrededor de la tarima había una veintena de estancias con mesitas, sillas y carpas blancas, y alrededor de la plazoleta, coronada con una fogata perdurable, almohadones de sacos de plástico blanco llenos de arena, en donde buena parte de los espectadores se acomodaron a las mil maravillas.


Es cierto. Fue una noche mágica. Tal vez irrepetible, porque no es frecuente que la Luna brille con tanto esplendor rodeada por anillos de todos los colores, como si a su alrededor se hubieran amansado todas las tormentas del Universo.


Fuente: La chachara, 25 Julio del 2021

Por: Chachareros

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